Desde hace tres años, la empresa Bioma Diésel produce biodiésel en Cochabamba reciclando el aceite usado de cocina.
La producción promedio semanal es de 300 litros y abastece a tres empresas de transporte interdepartamental. El litro del denominado biodiésel B20 cuesta 3 bolivianos, 0,72 menos que el que venden las gasolineras, explicó el gerente de la empresa, Orlando Cossio.
La materia prima es provista por tres cadenas de broasterías de la ciudad, que en temporada alta abastecen de 2 mil a 3 mil litros semanales que se almacenan en los silos de la planta, ubicada en Quillacollo.
“Son empresas que tienen un compromiso medioambiental serio, porque hacen buen manejo de sus desechos industriales”, señaló Cossio pues el reciclaje evita que el aceite usado vaya a parar a alcantarillas o al río.
El biodiésel es un tipo de biocombustible que pasa por un proceso de catálisis química, decantación y refinación de aceites vegetales, ya sea puros (como girasol o soya, por ejemplo), o usados.
Cossio explicó que Bioma Diésel utiliza aceites usados porque lo contrario significa usar materia prima virgen, que “atenta contra la disponibilidad de alimentos para la población y no es sostenible para el cuidado del medioambiente”.
Respecto al proceso, explicó que, por ejemplo, 1.000 litros de aceite demoran 12 a 15 días en convertirse en biodiésel con “cero de impurezas”.
Las empresas de transporte de pasajeros a las que abastece Bioma Diésel mezclan el diésel B20 con el que venden los surtidores. En el tanque, 20 por ciento es biodiésel y 80 por ciento diésel obtenido del petróleo.
Cossio explicó que esa proporción de biodiésel, aún siendo menor, es capaz de eliminar el benceno del diésel de petróleo, que es la sustancia que se produce de la combustión y tiene cancerígenos.
Según un análisis de laboratorio, fechado en noviembre pasado, el diésel B20 “por su viscosidad, se comporta como un buen lubricante para el sistema de piezas de inyección de los motores diésel”. Bioma Diésel abastece a buses de última generación que se denominan G7, G6 y G5.
Para facilitar la distribución, la empresa fabricó surtidores móviles a partir de dispensadores con contador numérico que se conectan a la energía eléctrica. Uno de ellos está ubicado en el puente Huaynacapac.
Cossio resaltó la apertura de las empresas de transporte con las que trabaja para comenzar a utilizar energías limpias.
Perspectivas
Para mediados de 2015, la empresa tiene previsto comenzar a producir biodiésel usando bacterias, un proceso con “cero contaminación”, explicó el gerente, Orlando Cossio.
Entre los planes a largo plazo, Cossio espera poder llegar a generar energía eléctrica.
La empresa tiene sus orígenes en La Paz, donde funciona la primera planta de Bioma Diésel.
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miércoles, 31 de diciembre de 2014
martes, 21 de junio de 2011
Soldados de Apolo generan biogás con sus heces
Un inusual proyecto ejecutado por el Regimiento Murillo, acantonado en Apolo, genera biogás con las heces de sus soldados, y lo utiliza para cocinar los alimentos de la tropa.
El objetivo inicial del proyecto, ejecutado por el Regimiento de Infantería (RI) 30 “Murillo”, era obtener energía renovable, reducir la contaminación ambiental y apoyar en la reforestación de esa región del norte paceño, pero en el desarrollo se descubrió ésta otra utilidad.
Para el efecto, se construyó un biodigestor (un contenedor donde se descompone la materia prima) de 12 metros de largo por cuatro y medio de ancho.
El biogás (parecido al GLP) producido por la fermentación de las heces en el biodigestor se convierte en una alternativa al uso de leña y al GLP en ese cuartel. “Ya no hay leña en el lugar, y antes era lo único que se usaba en la cocina”, comenta Diego Zarzuri, del RI-30.
Además, ayuda a compensar el costo elevado del GLP en Apolo. El Ejército presupuesta 22,5 bolivianos por garrafa, mientras en Apolo ésta se adquiere en 70.
Pero la iniciativa no se quedó ahí, ya que un segundo producto obtenido en el biodigestor, el biol (abono natural) es usado como fertilizante natural para mejorar sus cultivos y apoyar en la recuperación de la cobertura boscosa de la región.
Según Zarzuri, lo importante era reemplazar el uso de la leña por un combustible más ecológico, como es el biogás.
“Lo que buscamos es producir a nivel industrial ese combustible ecológico para usarlo en la cocina, para la preparación del desayuno, almuerzo y cena de la tropa, además para calentar agua”, explica el comandante de ese regimiento, Nelson Herrera.
El biol generó el interés de los habitantes de la región afectada por la deforestación. La UMSA ya analizó sus componentes, sobre todo lo referente a su contenido bacteriológico. “Establecieron que es un excelente abono para árboles y pasto”, señala Herrera.
El proceso de instalación
Con el impulso del Comando del Ejército y el asesoramiento técnico de la Cooperación Alemana (GIZ), lo primero que hicieron en el RI-30 fue elegir y diseñar el proceso de biodegradación de materias orgánicas de los sanitarios del cuartel para obtener energía renovable y proteger la salud de la tropa.
En julio de 2010, iniciaron la construcción del gran biodigestor para lo cual los soldados cavaron una zanja de 12 metros de largo por uno y medio de profundidad para la bolsa de geomembrama (plástico especial).
1.850
litros de carga diaria recibe el biodigestor de los soldados del cuartel y del matadero.
En octubre, se introdujeron en la bolsa 250 kilos de materia orgánica (160 de heces de humano y 90 de rumen proveniente del matadero) y 1.600 litros de agua que son descargados de las mismas letrinas. El cuartel cuenta con dos baterías de baños, cada uno de 37 letrinas que son usados por 400 personas, entre soldados, instructores y otro personal.
Luego de tres meses de fermentación de esa materia prima, en diciembre del pasado año, el biodigestor comenzó a producir el biogás. “Al principio la cocina ardía como vela, dice Zarzuri, pero fue un impacto muy grande para nosotros”.
Paralelamente, construyeron las pozas para recibir los efluentes de las letrinas y separar los sólidos de los líquidos, y poco a poco los resultados del experimento fueron mejorando.
Seis horas de combustible
Desde enero de este año, la producción diaria de biogás permite usar ese combustible en cuatro hornallas industriales durante seis horas al día.
Proyectamos sustituir completamente el uso de leña, dice Herrera. Por ello, cuentan con cuatro reservorios (tanques hechos de plástico especial transparente) donde se almacena ese gas.
16.500
bolivianos costó la construcción del biodigestor que genera biogás para seis horas.
El proyecto, iniciado por el anterior comandante del RI-30, Antonio Arandia Arenas, está hoy en pleno funcionamiento.
El combustible ecológico es empleado principalmente en la cocción de alimentos para la tropa y el personal: desayuno, almuerzo y cena.
El RI-30 socializa su proyecto en diferentes regimientos con el fin de que el Ejército lo replique, principalmente en unidades fronterizas. “Hay muchos interesados que vienen a visitarnos para ver cómo funciona”, dice Herrera.
Datos del primer biodigestor de Apolo
Piloto Según el experto español y consultor de la GIZ, Jaime Martí, el biodigestor instalado en Apolo en septiembre del pasado año, es el primero de envergadura para el saneamiento básico de aguas negras. Se trata de una gran infraestructura en Bolivia.
Efectivo La factibilidad de ese proyecto piloto apoyado por la Cooperación Alemana es que en Apolo (en el norte paceño) hay disponibilidad de agua todo el año.
Baños Además, el cuartel cuenta con letrinas separadas de urinarios.
Matadero A ello se suma la disponibilidad de rumen del matadero de Apolo, donde se matan tres vacas al día que aportan para la carga del biodigestor.
Costo La construcción del biodigestor demandó una inversión de más de 16.500 bolivianos que fueron financiados por el Comando del Ejército (50%) el RI-30 Murillo y la GIZ.
El objetivo inicial del proyecto, ejecutado por el Regimiento de Infantería (RI) 30 “Murillo”, era obtener energía renovable, reducir la contaminación ambiental y apoyar en la reforestación de esa región del norte paceño, pero en el desarrollo se descubrió ésta otra utilidad.
Para el efecto, se construyó un biodigestor (un contenedor donde se descompone la materia prima) de 12 metros de largo por cuatro y medio de ancho.
El biogás (parecido al GLP) producido por la fermentación de las heces en el biodigestor se convierte en una alternativa al uso de leña y al GLP en ese cuartel. “Ya no hay leña en el lugar, y antes era lo único que se usaba en la cocina”, comenta Diego Zarzuri, del RI-30.
Además, ayuda a compensar el costo elevado del GLP en Apolo. El Ejército presupuesta 22,5 bolivianos por garrafa, mientras en Apolo ésta se adquiere en 70.
Pero la iniciativa no se quedó ahí, ya que un segundo producto obtenido en el biodigestor, el biol (abono natural) es usado como fertilizante natural para mejorar sus cultivos y apoyar en la recuperación de la cobertura boscosa de la región.
Según Zarzuri, lo importante era reemplazar el uso de la leña por un combustible más ecológico, como es el biogás.
“Lo que buscamos es producir a nivel industrial ese combustible ecológico para usarlo en la cocina, para la preparación del desayuno, almuerzo y cena de la tropa, además para calentar agua”, explica el comandante de ese regimiento, Nelson Herrera.
El biol generó el interés de los habitantes de la región afectada por la deforestación. La UMSA ya analizó sus componentes, sobre todo lo referente a su contenido bacteriológico. “Establecieron que es un excelente abono para árboles y pasto”, señala Herrera.
El proceso de instalación
Con el impulso del Comando del Ejército y el asesoramiento técnico de la Cooperación Alemana (GIZ), lo primero que hicieron en el RI-30 fue elegir y diseñar el proceso de biodegradación de materias orgánicas de los sanitarios del cuartel para obtener energía renovable y proteger la salud de la tropa.
En julio de 2010, iniciaron la construcción del gran biodigestor para lo cual los soldados cavaron una zanja de 12 metros de largo por uno y medio de profundidad para la bolsa de geomembrama (plástico especial).
1.850
litros de carga diaria recibe el biodigestor de los soldados del cuartel y del matadero.
En octubre, se introdujeron en la bolsa 250 kilos de materia orgánica (160 de heces de humano y 90 de rumen proveniente del matadero) y 1.600 litros de agua que son descargados de las mismas letrinas. El cuartel cuenta con dos baterías de baños, cada uno de 37 letrinas que son usados por 400 personas, entre soldados, instructores y otro personal.
Luego de tres meses de fermentación de esa materia prima, en diciembre del pasado año, el biodigestor comenzó a producir el biogás. “Al principio la cocina ardía como vela, dice Zarzuri, pero fue un impacto muy grande para nosotros”.
Paralelamente, construyeron las pozas para recibir los efluentes de las letrinas y separar los sólidos de los líquidos, y poco a poco los resultados del experimento fueron mejorando.
Seis horas de combustible
Desde enero de este año, la producción diaria de biogás permite usar ese combustible en cuatro hornallas industriales durante seis horas al día.
Proyectamos sustituir completamente el uso de leña, dice Herrera. Por ello, cuentan con cuatro reservorios (tanques hechos de plástico especial transparente) donde se almacena ese gas.
16.500
bolivianos costó la construcción del biodigestor que genera biogás para seis horas.
El proyecto, iniciado por el anterior comandante del RI-30, Antonio Arandia Arenas, está hoy en pleno funcionamiento.
El combustible ecológico es empleado principalmente en la cocción de alimentos para la tropa y el personal: desayuno, almuerzo y cena.
El RI-30 socializa su proyecto en diferentes regimientos con el fin de que el Ejército lo replique, principalmente en unidades fronterizas. “Hay muchos interesados que vienen a visitarnos para ver cómo funciona”, dice Herrera.
Datos del primer biodigestor de Apolo
Piloto Según el experto español y consultor de la GIZ, Jaime Martí, el biodigestor instalado en Apolo en septiembre del pasado año, es el primero de envergadura para el saneamiento básico de aguas negras. Se trata de una gran infraestructura en Bolivia.
Efectivo La factibilidad de ese proyecto piloto apoyado por la Cooperación Alemana es que en Apolo (en el norte paceño) hay disponibilidad de agua todo el año.
Baños Además, el cuartel cuenta con letrinas separadas de urinarios.
Matadero A ello se suma la disponibilidad de rumen del matadero de Apolo, donde se matan tres vacas al día que aportan para la carga del biodigestor.
Costo La construcción del biodigestor demandó una inversión de más de 16.500 bolivianos que fueron financiados por el Comando del Ejército (50%) el RI-30 Murillo y la GIZ.
domingo, 22 de mayo de 2011
Nace el CIB3, primer centro de estudio de bioenergía
El nuevo CIB3 será parte de la tradición energética que hoy tiene el área rural boliviana, donde el 83% de las familias (más de un millón de hogares) cocina con estiércol seco, leña y otras formas de biomasa (combustible de origen biológico), y sólo el 38% accede al Gas Licuado de Petróleo (GLP), cuyo precio varía entre Bs 25 y 45.
Fresia Canaviri, de la comunidad Colina Blanca, ratifica la ventaja del bioenergético: “era muy caro y difícil comprar gas, ahora ya no lo necesitamos porque aprendimos a usar el biodigestor (contenedor con el que se aprovecha el estiércol del ganado para producir biogás) y podemos ahorrar ese dinero”.
Canaviri es parte de las 150 familias de las comunidades viacheñas Limachi, Huancamaya, Sequechuru, Hilata San Jorge, Pan de Azúcar y Challapahuira, que se benefician tanto del uso de biodigestores familiares, como del biol (abono natural utilizado en la agricultura de la región).
Ambas formas de energía renovable son el fruto de estudios realizados en el Centro de Investigación de Biodigestores, Biogás y Biol (CIB3), oficialmente inaugurado este mes.
El encargado de la Unidad de Trabajo del CIB3, Jaime Marti, informa que el centro fue inaugurado luego de un año de trabajo y gracias a la unión de cinco socios fundadores: la Cooperación Técnica Alemana (GTZ), la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), a través de los institutos de Investigación y Desarrollo de Procesos Químicos (Iideproq) y el de Investigaciones Agropecuarias y Recursos Naturales (Iiaren); el Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (Cimne) de España y el de Promoción de Tecnologías Sostenibles de Bolivia (CPTS).
“Las universidades aportaron con investigación, la CPTS nos conectó con el mundo industrial y la GTZ y el programa EnDev con el mundo rural”, destacó el especialista.
Marti reconoce que los sistemas de bioenergía no son nuevos en el país, pero indica que con el trabajo de investigación se podrá buscar otras alternativas para utilizarlos en el futuro. “En el tema de fertilizantes se está alimentando el biodigestor con diferentes tipos y mezclas de estiércol (de vaca y llama) para ver su rendimiento, y, respecto a los abonos, éstos se están aplicando en cultivos de cebolla, alfalfa, papa, e incluso tabaco, para que los nutrientes se conserven y rindan entre un 30 ó 40 por ciento más”.
El responsable de Ideproq, René Álvarez, señala que en el pasado las instituciones trabajaban aisladamente y que las universidades hacían tesis que se quedaban en las bibliotecas y nunca se aplicaban.
Álvarez detalla que en el centro ya se desarrollaron cuatro ensayos: el de biodigestores de bajo costo para el tratamiento de residuos de mataderos, la producción de biol, el tratamiento de aguas mieles de café (generación de biogás que sustituye la leña en el secado del café) y el fertilizante orgánico biol para los cafetales.
Limbania Aliaga, responsable del laboratorio y miembro del equipo de 12 tesistas que trabajan en el lugar, asegura que con el proyecto y los talleres informativos que se organizan, cada vez la gente está menos interesada en el gas licuado y más en el biofertilizante. “Enseñamos cuáles son las ventajas y desventajas de contar con el sistema, su instalación y su cuidado”, dice.
Álvarez añade que la información obtenida en el Centro también es brindada a municipios y organizaciones sociales, que pueden canalizar la iniciativa a fin de que ésta beneficie a cada vez más familias. “Esperamos que sea un programa de largo aliento al que se unan más instituciones”, desea.
Aliaga aclara que el sistema puede durar entre cinco o seis años, “todo depende de las condiciones en las que se opere y su correcto cuidado”.
El CIB3 fue construido en las instalaciones de la finca experimental de Choquenaira, Viacha, perteneciente a la Facultad de Agronomía de la UMSA. Dispone de una infraestructura, nueve biodigestores experimentales de flujo continuo y seis de tipo bach (de uso temporal, que se descargan una vez que termina la fermentación).
AYUDA. El instrumental científico del nuevo centro de investigación fue cofinanciado por el programa de investigación Counit (vinculado a la Vicepresidencia del país) y por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Marti detalló que el Gobierno central aportó con $us 15.000, la GTZ con Bs 50.000 aproximadamente y Soboce y la empresa de plásticos agrícolas, Flor de Empresa, con materiales propios.
“Un biodigestor completo aquí vale 1.600 bolivianos, con los materiales incluidos; la GTZ aporta Bs 400 y la familia tiene que poner los restantes Bs 1.200”, señala el técnico del proyecto.
Con el tiempo, la inversión se justifica, ya que se obtiene tres horas de gas, mayormente empleadas en la cocina, y evita los problemas respiratorios generados por el humo, argumenta.
OPINIONES RELEVANTES
Jaime Marti
‘Necesitamos unirnos con más instituciones’
“Para este año, nos hemos propuesto instalar unos 300 biodigestores más, pero somos un equipo de sólo seis personas y no podemos abarcar todo el país, por eso necesitamos unirnos con otras instituciones. Para instalar el sistema necesitamos que 10 productores se asocien y envíen una carta dirigida al proyecto de GTZ; nosotros vamos a hacer una evaluación del lugar y luego los capacitamos sobre el biodigestor. Quienes deciden implementarlo deben aprender cómo hacerlo y mantenerlo, y cancelar por éste 1.200 bolivianos”.
Juvenal Condori
‘Ya no usamos gas ni fogón para cocinar’
“Mi familia no me creía cuando estábamos instalando el sistema que ya tiene cinco meses funcionando con la bosta de mis cinco vacas lecheras. Con la ayuda del proyecto del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) y la GTZ sólo me ha costado 800 bolivianos instalarlo. Hemos pasado cursos y talleres para aprender a manejarlo y ahora ya no utilizamos gas ni fogón para cocinar, por eso no hay humo, no contaminamos el ambiente y mi esposa y mis hijos ya no están tosiendo”.
Fresia Canaviri, de la comunidad Colina Blanca, ratifica la ventaja del bioenergético: “era muy caro y difícil comprar gas, ahora ya no lo necesitamos porque aprendimos a usar el biodigestor (contenedor con el que se aprovecha el estiércol del ganado para producir biogás) y podemos ahorrar ese dinero”.
Canaviri es parte de las 150 familias de las comunidades viacheñas Limachi, Huancamaya, Sequechuru, Hilata San Jorge, Pan de Azúcar y Challapahuira, que se benefician tanto del uso de biodigestores familiares, como del biol (abono natural utilizado en la agricultura de la región).
Ambas formas de energía renovable son el fruto de estudios realizados en el Centro de Investigación de Biodigestores, Biogás y Biol (CIB3), oficialmente inaugurado este mes.
El encargado de la Unidad de Trabajo del CIB3, Jaime Marti, informa que el centro fue inaugurado luego de un año de trabajo y gracias a la unión de cinco socios fundadores: la Cooperación Técnica Alemana (GTZ), la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), a través de los institutos de Investigación y Desarrollo de Procesos Químicos (Iideproq) y el de Investigaciones Agropecuarias y Recursos Naturales (Iiaren); el Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (Cimne) de España y el de Promoción de Tecnologías Sostenibles de Bolivia (CPTS).
“Las universidades aportaron con investigación, la CPTS nos conectó con el mundo industrial y la GTZ y el programa EnDev con el mundo rural”, destacó el especialista.
Marti reconoce que los sistemas de bioenergía no son nuevos en el país, pero indica que con el trabajo de investigación se podrá buscar otras alternativas para utilizarlos en el futuro. “En el tema de fertilizantes se está alimentando el biodigestor con diferentes tipos y mezclas de estiércol (de vaca y llama) para ver su rendimiento, y, respecto a los abonos, éstos se están aplicando en cultivos de cebolla, alfalfa, papa, e incluso tabaco, para que los nutrientes se conserven y rindan entre un 30 ó 40 por ciento más”.
El responsable de Ideproq, René Álvarez, señala que en el pasado las instituciones trabajaban aisladamente y que las universidades hacían tesis que se quedaban en las bibliotecas y nunca se aplicaban.
Álvarez detalla que en el centro ya se desarrollaron cuatro ensayos: el de biodigestores de bajo costo para el tratamiento de residuos de mataderos, la producción de biol, el tratamiento de aguas mieles de café (generación de biogás que sustituye la leña en el secado del café) y el fertilizante orgánico biol para los cafetales.
Limbania Aliaga, responsable del laboratorio y miembro del equipo de 12 tesistas que trabajan en el lugar, asegura que con el proyecto y los talleres informativos que se organizan, cada vez la gente está menos interesada en el gas licuado y más en el biofertilizante. “Enseñamos cuáles son las ventajas y desventajas de contar con el sistema, su instalación y su cuidado”, dice.
Álvarez añade que la información obtenida en el Centro también es brindada a municipios y organizaciones sociales, que pueden canalizar la iniciativa a fin de que ésta beneficie a cada vez más familias. “Esperamos que sea un programa de largo aliento al que se unan más instituciones”, desea.
Aliaga aclara que el sistema puede durar entre cinco o seis años, “todo depende de las condiciones en las que se opere y su correcto cuidado”.
El CIB3 fue construido en las instalaciones de la finca experimental de Choquenaira, Viacha, perteneciente a la Facultad de Agronomía de la UMSA. Dispone de una infraestructura, nueve biodigestores experimentales de flujo continuo y seis de tipo bach (de uso temporal, que se descargan una vez que termina la fermentación).
AYUDA. El instrumental científico del nuevo centro de investigación fue cofinanciado por el programa de investigación Counit (vinculado a la Vicepresidencia del país) y por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Marti detalló que el Gobierno central aportó con $us 15.000, la GTZ con Bs 50.000 aproximadamente y Soboce y la empresa de plásticos agrícolas, Flor de Empresa, con materiales propios.
“Un biodigestor completo aquí vale 1.600 bolivianos, con los materiales incluidos; la GTZ aporta Bs 400 y la familia tiene que poner los restantes Bs 1.200”, señala el técnico del proyecto.
Con el tiempo, la inversión se justifica, ya que se obtiene tres horas de gas, mayormente empleadas en la cocina, y evita los problemas respiratorios generados por el humo, argumenta.
OPINIONES RELEVANTES
Jaime Marti
‘Necesitamos unirnos con más instituciones’
“Para este año, nos hemos propuesto instalar unos 300 biodigestores más, pero somos un equipo de sólo seis personas y no podemos abarcar todo el país, por eso necesitamos unirnos con otras instituciones. Para instalar el sistema necesitamos que 10 productores se asocien y envíen una carta dirigida al proyecto de GTZ; nosotros vamos a hacer una evaluación del lugar y luego los capacitamos sobre el biodigestor. Quienes deciden implementarlo deben aprender cómo hacerlo y mantenerlo, y cancelar por éste 1.200 bolivianos”.
Juvenal Condori
‘Ya no usamos gas ni fogón para cocinar’
“Mi familia no me creía cuando estábamos instalando el sistema que ya tiene cinco meses funcionando con la bosta de mis cinco vacas lecheras. Con la ayuda del proyecto del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) y la GTZ sólo me ha costado 800 bolivianos instalarlo. Hemos pasado cursos y talleres para aprender a manejarlo y ahora ya no utilizamos gas ni fogón para cocinar, por eso no hay humo, no contaminamos el ambiente y mi esposa y mis hijos ya no están tosiendo”.
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